Noticias del Congreso de la Fascia

¡En Anicca Terapia y Movimiento nos apasiona la fascia! Desde hace varios años Luis y yo asumimos el reto personal de tratar de estudiar y entender al máximo esta estructura para poder así mejorar nuestros tratamientos y continuar nuestro crecimiento profesional. Yo había sufrido muchas complicaciones con una cicatriz de cesárea, y Luis estaba sufriendo con su rodilla, pero ambos caimos en manos de una experta en el tratamiento del tejido conectivo y el resultado fue espectacular. Quedamos 'enganchados en la fascia' desde entonces.

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Curiosamente, durante muchos años la existencia de este órgano/tejido fue ignorado y poco entendido: no se estudiaba en los atlas de anatomía e incluso en las disecciones lo pasaban por alto, simplemente se apartaba como algo que 'estorbaba'. Sin embargo, ahora estamos presenciando una especie de boom ya que, por primera vez, la fascia está desarrollando su propia identidad dentro de la investigación médica y se está descubriendo que juega un importante papel en la salud y en la patología.

Tuve el honor de asistir a la reciente conferencia de la fascia realizada en Madrid por parte de la Escuela de Fisioterapia de la Once con la colaboración de la Escuela Tupimek. Atraída por ponentes de renombre como Peter Huijing, Robert Schleip y Thomas Findley, además de ponentes nacionales como Andrzej Pilat... aprovecho para compartir con vosotros algunos de los aprendizajes y la aplicación de todo ello en nuestra práctica clínica diaria.

Empecemos por el inicio, ¿Qué es la fascia?

La Fascia Research Society ofrece una definición desde el punto de vista funcional[1]:

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 “El sistema fascial consiste en el continuo tridimensional de tejidos conectivos blandos, presentando formaciones laxas y densas. Incorpora elementos tales como tejido adiposo, adventicio, vainas neurovasculares, aponeurosis, fascias profundas y superficiales, epineuro, cápsulas articulares, ligamentos, membranas, meninges, expansiones miofasciales, periostio, retináculos, septos, tendones, fascias viscerales y todos los tejidos conectivos intra e intermusculares, incluyendo endo, peri y epimisio. El sistema fascial penetra y rodea a todos los órganos, músculos, huesos y fibras nerviosas, dotando al cuerpo de una estructura funcional y proporcionando un entorno que permite que todos los sistemas corporales operen de manera integrada”

Tal y como nos explicó Thomas Findley, en la vida real, los músculos casi nunca transmiten su fuerza total directamente sobre los huesos a través de los tendones, tal como habitualmente se sugiere en los dibujos de los libros de texto. Más bien, distribuyen una gran parte de su fuerza contráctil y tensional hacia las capas fasciales colindantes. Éstas transmiten las fuerzas hasta los músculos sinergistas y antagonistas. Por tanto, no solo actúan en la articulación más próxima, sino que pueden implicar a articulaciones de regiones alejadas. Según lo anterior, los músculos no son unidades funcionales, sino que la mayoría de los movimientos musculares se generan por múltiples unidades motoras, que se distribuyen a lo largo de diversos haces, además de por porciones de otros músculos. Las fuerzas tensiles de estas unidades motoras se transmiten a una compleja red de capas, recesos y correas fasciales, que las convierten en el movimiento final del cuerpo. 

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Detrás de todo esto está el concepto de biotensegridad, algo que explicó con suma elocuencia Graham Scarr[2]. El concepto de biotensegridad actual se basa en las reglas fundamentales de la física, y, por lo tanto, representa un cambio de paradigma en la forma en la que pensamos sobre el cuerpo humano. Este principio se basa en la organización de la cadena cinemática cerrada, que constituye la mecánica básica de la tensegridad, donde múltiples componentes anatómicos o barras se acoplan en bucles mecánicos continuos con cada uno regulando la posición y el movimiento de todos los demás, dentro de la heterarquía. Un sistema en constante evolución que permite que cada parte se mueva con el mínimo esfuerzo y potencia el dinamismo que reconocemos como vida.

La fascia en la enfermedad

 Cuando la fascia está excesivamente sometida a estrés mecánico, inflamada o inmóvil, se desorganiza la disposición del colágeno y de la matriz, formándose fibrosis y adherencias[3]. Además, Langevin et al. han demostrado la densificación y pérdida de la función de deslizamiento fascial en individuos con lumbalgia crónica. Estos pacientes, comparados con los individuos sin lumbalgia, mostraban un 25% más de espesor en la fascia toracolumbar (FTL) y una reducción de la capacidad de deslizamiento entre las capas fasciales.[4]

Así, Stecco et al. (2013) sugieren que una combinación de irritación, inflamación, acidificación y densificación de la pérdida del tejido conectivo puede llevar a dolor miofascial, potencialmente reversible, como resultado de “la hiperactivación de las terminaciones nerviosas libres” provocando una inflamación local, dolor y sensibilización[5].

En este sentido, el conocido fisioterapeuta e investigador Jan Dommerholt ayudó a aclarar y desmitificar el conocimiento actual entorno al síndrome de dolor miofascial, presentando además parte de su trabajo a través del abordaje de los puntos gatillos miofasciales mediante punción seca.

Thomas Findley presentó interesantísimos estudios de la fascia y el cancer, puedes escuchar más sobre su investigación y enfoque en este vídeo. Uno de los campos que le afascinan es la relación entre el ejercicio y la fascia, y más concretamente, la relación entre el trabajo de resistencia muscular y la reducción de los metástasis en supervivientes de cáncer[6]. Es interesante pensar que personas con un tejido conectivo tenso tienen de 2-6 mayores probabilidades de sufrir cáncer. El ejercicio ayuda a reducir esa tensión del tejido conectivo.

 La fascia también se ve enormemente afectada por el proceso de envejecimiento. Así como por la inactividad relacionada con la enfermedad o el concurrente dolor. Aquí, hay que insistir una vez más en la importancia de moverse y mantenerse activos, algo que intentamos transmitir a todos nuestros clientes, ... como tantas veces le he oído decir a Luis: "No te mueves porque envejeces, y envejeces, porque no te mueves"

La fascia, un sistema neurosensible

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Gracias a la intervención de la Dra. Alicia Batuecas Suárez se abordó el tema de la sensibilidad fascial y su implicación en la respuesta alostática y de estrés. Mediante microscopía electrónica y técnicas específicas de tinción se ha podido demostrar que la fascia está inervada por una extensa red receptora, formada por fibras simpáticas aferentes y por otros tipos de receptores sensoriales. Se dice hay hasta 100 millones de terminaciones nerviosas sensitivas en los tejidos faciales. Se sugiere que esta población receptora podría contribuir a la propiocepción, la interocepción, la nocicepción y otras sensaciones vegetativas[7].

Los mismos nervios que inervan la zona musculoesquelética darían fibras para la fascia profunda, pero las fibras vegetativas simpáticas, también llegarían a esta fascia a través del sistema nervioso periférico. Estos nervios también proporcionarían fibras a las articulaciones de la zona[8] y a las fascias de diferentes músculos.

La importancia de esta inervación residiría en el papel, mucho más activo, que desempeñaría en todas las contracciones musculares y en las patologías del sistema musculoesquelético[9]. Por ello, su manipulación forma parte del tratamiento de estas patologías musculares y ayuda a su mejoría.

Sistema fascial y estrés

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Se puede establecer una relación entre la actividad autónoma simpática, los niveles de cortisol y la función fascial. Así un tono simpático mantenido incrementa, a través de la activación de miofibroblastos, la rigidez de los tejidos fasciales. Por otra parte, el estrés tisular aumenta la concentración y el tamaño de las cadenas del ácido hialurónico (HA), que es el lubricante indispensable para una correcta función fascial, lo que repercute de manera inmediata, aumentando la viscosidad de la zona afectada.

En esta condición patológica de la fascia epi y perimisial transmitiría una información distorsionada al SNC con claras repercusiones en la correcta coordinación del movimiento. Asimismo, la disfunción de los interoceptores influiría en los fenómenos de autopercepción corporal con consecuencias muy negativas. Los pacientes con dolor crónico tienen, por lo general, una baja conciencia interoceptiva (conciencia corporal) y una patente desregulación autónoma. Además, la distribución de las líneas de fuerza se vería distorsionada con un reparto anómalo de las tensiones, lo que produce dolor. Es posible que en el origen de cuadros dolorosos como el dolor lumbar idiopático, la fibromialgia o el síndrome de dolor miofascial están operando trastornos de este tipo.

La terapia fascial y estrés

En los pacientes sometidos a diversos tipos de terapia fascial se estimulan diferentes tipos de receptores que inician complejas respuestas fisiológicas y cuyos mecanismos están parcialmente dilucidados. Parece comprobarse que estas terapias inducen un reequilibrio autónomo con un incremento de la actividad parasimpática (concretamente un incremento de la actividad vagal) y consiguen, asimismo, una disminución del tono muscular local y generalizado, una disminución de la rigidez fascial[10], vasodilatación local, disminución del cortisol plasmático y liberación de endorfinas, como efectos más reseñables, lo que provocaría sensaciones confortables y estados emotivos más atemperados, disminuyendo la sensación de dolor. Todos estos efectos contribuirían a una atenuación de la respuesta de estrés, a una disminución de la carga alostática. Sin embargo, hasta la fecha, bien por un insuficiente tamaño muestral, bien por falta de rigor metodológico, no se ha podido establecer una cuantificación fiable de las variables fisiológicas enumeradas. Por tanto, es una asignatura pendiente demostrar, de manera incuestionable, su eficacia en esta compleja situación fisiológica.

Cuerpo dinámico y entrenamiento fascial "Fascial fitness"

Está claro, pues, que tenemos que realizar evaluaciones de nuestros clientes que sepan apreciar las sutilidades de un sistema mucho más dinámico que el que se suele apreciar, sabiendo que los tejidos son siempre cambiantes y están en contínua adaptación. Nuestros tratamientos deben ir más allá que simplemente administrar medicamentos, realizar estiramientos o aplicar un tratamiento local, etc. Se trata de un proceso físico, dinámico e interactivo, y completamente individualizado, donde los procesos autorreguladores del cuerpo responden automáticamente, de las maneras más eficientes que le son posibles, desde un punto de vista energético, llevando al sistema hacia un estado de “salud” diferente. Es el cuerpo de la persona el que hace la mayor parte del trabajo mientras que el fisioterapeuta facilita su transformación dinámica.

¿Cómo podemos hacer pues para mantener nuestra fascia en un estado saludable? En base a todo lo anterior, además de cuidar nuestro nivel de estrés y cuidar de nuestra salud, el factor ejercicio es muy importante. Como ya hemos comentado, la edad y la inactividad causan grandes estragos en esa capacidad de la fascia de deslizarse, absorber energía y protegernos en nuestros movimientos. En este sentido, Robert Schleip dió una magnífica ponencia sobre un nuevo enfoque de ejercicio especialmente diseñado para aprovechar las capacidades de la fascia, denominado fascial fitness [11]. Si os interesa, estar pendiente, Isabel está realizando una formación en este concepto y esperamos pronto ofrecer clases en nuestro centro.

 Junto con Robert Schleip, investigador y creador de Fascial Fitness

Junto con Robert Schleip, investigador y creador de Fascial Fitness

Gracias por leerme, espero que os haya sido de interés, 

Un abrazo de salud, 

Isabel

 

 

 

Referencias

[1] Adstrum, S., Hedley, G., Schleip, R., Stecco, C., Yucesoy, C.A. Defining the fascial system. J. Bodyw. Mov. Ther. 2017; 21, 173–177.

[2] Scarr G. Biotensegrity: the structural basis of life. 2nd ed., Edinburgh: Handspring; 2018.

[3] Langevin HM, et al. Ultrasound evidence of altered lumbar connective tissue structure in human subjects with chronic low back pain. Presentation, 2nd Fascia Research Congress, Amsterdam. 2009.

[4] Langevin HM, et al. Reduced thoracolumbar fascia shear strain in human chronic low back pain. BMC Musculoskeletal Disorders. 2011; 12: 203.

[5] Stecco A, et al. The anatomical and functional relation between gluteus maximus and fascia lata. J Bodyw Mov Ther. 2013; 17 (4): 512–7.

[6] Hardee JP, Porter RR, Sui X, Archer E, Lee IM, Lavie CJ, Blair SN. The effect of resistance exercise on all-cause mortality in cancer survivors. InMayo Clinic Proceedings 2014 Aug 1 (Vol. 89, No. 8, pp. 1108-1115). Elsevier.

[7] Stecco C, Gagey O, Belloni A, Pozzuoli A, Porzionato A, Macchi V, Aldegheri R, De Caro R, Delmas V. Anatomy of the deep fascia of the upper limb. Second part study of innervation. Morphologie, 2007; 91: 38-43.

[8] Zhou HY, Chen AM, Guo FJ, Liao GJ, Xiao WD. Sensory and sympathetic innervation of cervical facet joint in rats. Chin J Traumatol. 2006; 9(6):377-80.

[9] Schleip, R., Klingler, W., & Lehmann-Horn, F. (2005). Active fascial contractility: fascia may be able to contract in a smooth muscle-like manner and thereby influence musculoskeletal dynamics. Medical hypotheses65(2), 273-277.

[10] Yen-Hua C, et al. Increased sliding of transverse abdominis during contraction, after myofascial release, in patients with chronic low back pain. Manual Therapy. 2016; 23: 69-75.

[11] Schleip, Robert et al. Training principles for fascial connective tissues: Scientific foundation and suggested practical applications. Journal of Bodywork and Movement Therapies , 2013. Volume 17, Issue 1 , 103 - 115